Pregunte qué debe ser hecho: los líderes exitosos no se preguntan por lo que les gustaría hacer, sino por lo que debe ser hecho.
Escoja las cosas importantes: hay una gran cantidad de gente muy capaz a la hora de entrar en acción, pero que lleva a cabo asuntos triviales.
Evite las trampas de la popularidad: los líderes se preocupan por alcanzar sus objetivos. Saben cómo establecer una misión y saben decir “no”.
Aprenda a abandonar: es preciso saber cuándo dejar de invertir recursos en un proyecto que pareciera estar llegando a su fin, pero que nunca llegará.
Búsquese una oficina secreta: los líderes son prisioneros de las organizaciones. Todo el mundo viene en busca de consejo y no es posible cerrar la puerta.
IDEAS Y DECISION es un blog donde encontrará artículos prácticos sobre lo que es dirigir una PYME. Desde este lugar pretendemos ser una fuente de motivación, inspiración y reflexión para todos aquellos que conducen y dirigen empresas; porque las IDEAS mueven al mundo, pero sin la DECISION de ponerlas en marcha, nada sucede.
El Buen Gerente
Mucho se ha dicho acerca de las cualidades de un buen gerente, pero casi nada sobre lo que realmente hace un buen gerente. Si bien hay miles de estilos gerenciales, todos los grandes gerentes comparten algo en común, esto es, conocer y valorar las particularidades y habilidades de sus empleados.
Es preciso aprender a capitalizar las fuerzas de los miembros del equipo con el fin canalizarlas en beneficio de objetivos más generales. Aunque esto puede parecer mucho trabajo, tomar en cuenta las particularidades de cada empleado puede ahorrar tiempo. En vez de fomentar que cada empleado se ajuste a la descripción de su trabajo (que incluye tareas para las que no son buenos y no disfrutan), un buen gerente desarrolla posiciones para sus empleados a partir de las habilidades particulares de cada uno: de este modo se consigue un equipo de trabajo más eficiente y efectivo.
Dado que serán evaluados tomando en cuenta sus fortalezas y debilidades particulares, los empleados deberán responsabilizarse por las habilidades que se espera afinen. Propiciar el desarrollo de las particularidades de cada persona propiciará, además, mayor cohesión en el equipo de trabajo.
Las habilidades particulares no sólo motivan al equipo sino que lo fortalecen.
Finalmente, esta aproximación deja de lado las jerarquías existentes, lo que propicia un mayor pensamiento creativo. Un buen gerente debe saber tres cosas sobre sus empleados: sus fortalezas, los detonantes de dichas fortalezas y cómo aprende. Contar con dicha información permitirá motivar a cada persona.
Es preciso aprender a capitalizar las fuerzas de los miembros del equipo con el fin canalizarlas en beneficio de objetivos más generales. Aunque esto puede parecer mucho trabajo, tomar en cuenta las particularidades de cada empleado puede ahorrar tiempo. En vez de fomentar que cada empleado se ajuste a la descripción de su trabajo (que incluye tareas para las que no son buenos y no disfrutan), un buen gerente desarrolla posiciones para sus empleados a partir de las habilidades particulares de cada uno: de este modo se consigue un equipo de trabajo más eficiente y efectivo.
Dado que serán evaluados tomando en cuenta sus fortalezas y debilidades particulares, los empleados deberán responsabilizarse por las habilidades que se espera afinen. Propiciar el desarrollo de las particularidades de cada persona propiciará, además, mayor cohesión en el equipo de trabajo.
Las habilidades particulares no sólo motivan al equipo sino que lo fortalecen.
Finalmente, esta aproximación deja de lado las jerarquías existentes, lo que propicia un mayor pensamiento creativo. Un buen gerente debe saber tres cosas sobre sus empleados: sus fortalezas, los detonantes de dichas fortalezas y cómo aprende. Contar con dicha información permitirá motivar a cada persona.
Los 7 Habitos de la Gente Efectiva
Son proactivas Son aquellas personas responsables de su propia vida. Son las que determinan la agenda que quieren seguir y desarrollan la habilidad de elegir las respuestas a lo que sucede alrededor de ellas. Estas respuestas son más un producto de sus valores y decisiones que de sus estados de ánimo y condiciones.
Comienzan con el fin en la mente Tienen una visión clara de sus objetivos y de ellos mismos, tienen un profundo significado de su vida y siguen principios universales de la existencia. Llevan a cabo sus tareas de manera efectiva y positiva. Son personas que se dan cuenta que las cosas son creadas mentalmente antes de ser creadas físicamente. Son líderes de ellos mismos, por eso aclaran los valores y establecen prioridades antes de seleccionar sus metas y emprender algún trabajo.
Hacen primero lo primero Son sus propios gerentes. Ejercitan la disciplina. Organizan y administran su tiempo según las prioridades. Hacen lo que predican. Dedican más atención a las cosas que son urgentes pero no importantes y dedican también más tiempo a las cosas importantes pero no necesariamente urgentes. Cumplen las actividades que programan.
Cultivan relaciones ganar-ganar Estas personas tienen un profundo espíritu de cooperación. Creen que la efectividad se logra a través del trabajo en equipo de dos o más personas. Tienen una mentalidad de abundancia y una actitud permanente de búsqueda del beneficio mutuo. Logran una comunicación efectiva y una gran confianza en su relación con los demás.
Buscan primero entender y después ser entendidos Les gusta mucho observar con detenimiento y escuchar con atención. No juzgan a los demás y se interesan en conocer las necesidades, intereses y preocupaciones de los demás. Este es un hábito clave en la vida, para construir buenas relaciones interpersonales y es la esencia del buen profesional.
Creen en la sinergia Las personas altamente eficaces practican la cooperación y el trabajo en equipo pero creativamente. Desarrollan la habilidad de valorar y aprovechar las diferencias que tienen con los demás y un gran espíritu de respeto mutuo. De esto obtienen perspectivas más amplias y diferentes.
Se afilan permanentemente Estas personas practican la auto-renovación y el auto-mejoramiento constante en su vida física, mental, espiritual y socio-emocional. De esta manera pueden incidir en todos los aspectos de su vida y a su vez pueden cultivar los otros 7 hábitos.
Comienzan con el fin en la mente Tienen una visión clara de sus objetivos y de ellos mismos, tienen un profundo significado de su vida y siguen principios universales de la existencia. Llevan a cabo sus tareas de manera efectiva y positiva. Son personas que se dan cuenta que las cosas son creadas mentalmente antes de ser creadas físicamente. Son líderes de ellos mismos, por eso aclaran los valores y establecen prioridades antes de seleccionar sus metas y emprender algún trabajo.
Hacen primero lo primero Son sus propios gerentes. Ejercitan la disciplina. Organizan y administran su tiempo según las prioridades. Hacen lo que predican. Dedican más atención a las cosas que son urgentes pero no importantes y dedican también más tiempo a las cosas importantes pero no necesariamente urgentes. Cumplen las actividades que programan.
Cultivan relaciones ganar-ganar Estas personas tienen un profundo espíritu de cooperación. Creen que la efectividad se logra a través del trabajo en equipo de dos o más personas. Tienen una mentalidad de abundancia y una actitud permanente de búsqueda del beneficio mutuo. Logran una comunicación efectiva y una gran confianza en su relación con los demás.
Buscan primero entender y después ser entendidos Les gusta mucho observar con detenimiento y escuchar con atención. No juzgan a los demás y se interesan en conocer las necesidades, intereses y preocupaciones de los demás. Este es un hábito clave en la vida, para construir buenas relaciones interpersonales y es la esencia del buen profesional.
Creen en la sinergia Las personas altamente eficaces practican la cooperación y el trabajo en equipo pero creativamente. Desarrollan la habilidad de valorar y aprovechar las diferencias que tienen con los demás y un gran espíritu de respeto mutuo. De esto obtienen perspectivas más amplias y diferentes.
Se afilan permanentemente Estas personas practican la auto-renovación y el auto-mejoramiento constante en su vida física, mental, espiritual y socio-emocional. De esta manera pueden incidir en todos los aspectos de su vida y a su vez pueden cultivar los otros 7 hábitos.
Las 10 Causas Principales del Fracaso del Liderazgo
1. La incapacidad para organizar detalles. Un liderazgo eficiente requiere capacidad para organizar y controlar los detalles. Ningún líder genuino está jamás ‘demasiado ocupado’ para hacer cualquier cosa que se le pueda pedir en su condición de líder. Cuando un hombre, ya sea en calidad de líder o de asistente, admite que está ‘demasiado ocupado’ para cambiar de planes, o para prestar atención a una emergencia, está admitiendo su incompetencia. El líder de éxito debe ser quien controle todos los detalles relacionados con su posición. Esto significa, por supuesto, que ha de adquirir el hábito de relegar los detalles a asistentes capaces.
2. Mala disposición para prestar servicios modestos. Los líderes están siempre dispuestos, cuando la ocasión lo exige, a llevar a cabo cualquier tipo de labor que se les pida que hagan. Que ‘el mejor de entre vosotros será el sirviente de todos’ es una verdad que todos los líderes capaces observan y respetan.
3. Expectativas de gratificación por “lo que saben” y no por lo que hacen con aquello “que saben”. El mundo no paga a los hombres por lo que ‘saben’. Les pagan por lo que hacen, o impulsan a hacer a otros.
4. Temor ante la competencia de su gente. El líder que teme que uno de sus seguidores pueda ocupar su puesto está prácticamente condenado a ver cumplidos sus temores tarde o temprano. El líder capaz entrena a suplente en quienes pueda delegar, a voluntad, cualquiera de los detalles de su posición. Sólo de ese modo un líder puede multiplicarse y prepararse para estar en muchos lugares, y prestar atención a muchas cosas al mismo tiempo. Es una verdad eterna que los hombres reciben más paga “por su habilidad para hacer que los demás trabajen” que lo que ganarían por su propio esfuerzo. Un líder eficiente puede, a través del conocimiento de su trabajo y del magnetismo de su personalidad, aumentar en gran medida la eficacia de los demás, e inducirlos a rendir más y mejores servicios que los que rendirían sin su ayuda.
5. Falta de imaginación. Sin imaginación, el líder es incapaz de superar las emergencias, y de crear planes que le permitan guiar con eficacia a sus seguidores.
6. Egoísmo. El líder que reclama todo el honor por el trabajo de sus seguidores está condenado a generar resentimientos. El verdadero líder no exige honor alguno. Le alegra ver que los honores, cuando los hay, son para sus seguidores, porque sabe que la mayoría de los hombres trabajarán con más entusiasmo por recomendaciones y reconocimientos, que sólo por dinero.
7. Intemperancia. Los seguidores no respetan a los líderes intemperantes. Además, la intemperancia en cualquiera de sus diversas formas destruye la resistencia y la vitalidad de cualquiera que se deje llevar por ella.
8. Deslealtad. Quizá esta causa debería encabezar la lista. El líder que no sea leal con su organización y con su equipo, con quienes están por encima de él y con quienes están por debajo, no podrá mantener mucho tiempo su liderazgo. La deslealtad le señala a uno como alguien que está en el nivel del polvo que pisamos, atrae sobre su cabeza el desprecio que se merece. La falta de lealtad es una de las principales causas de fracaso en todos los terrenos de la vida.
9. Acentuar la autoridad del Liderazgo. El líder eficiente enseña mediante el estímulo y no intenta atemorizar a sus seguidores. El líder que trata de impresionar a sus seguidores con su ‘autoridad’ entra en la categoría del liderazgo por la fuerza. Si un líder lo es de verdad, no necesitará anunciarlo, a no ser mediante su conducta, es decir, con su simpatía, comprensión y sentido de la justicia, y demostrando, además, que conoce su trabajo.
10. Insistir en el título. El líder competente no necesita ‘títulos’ para obtener el respeto de sus seguidores. El hombre que insiste demasiado en su título, generalmente no tiene mucho más en qué apoyarse. Las puertas de la oficina de un verdadero líder permanecen abiertas para todos aquellos que deseen entrar, y su lugar de trabajo está tan libre de formalidad como de ostentación.
2. Mala disposición para prestar servicios modestos. Los líderes están siempre dispuestos, cuando la ocasión lo exige, a llevar a cabo cualquier tipo de labor que se les pida que hagan. Que ‘el mejor de entre vosotros será el sirviente de todos’ es una verdad que todos los líderes capaces observan y respetan.
3. Expectativas de gratificación por “lo que saben” y no por lo que hacen con aquello “que saben”. El mundo no paga a los hombres por lo que ‘saben’. Les pagan por lo que hacen, o impulsan a hacer a otros.
4. Temor ante la competencia de su gente. El líder que teme que uno de sus seguidores pueda ocupar su puesto está prácticamente condenado a ver cumplidos sus temores tarde o temprano. El líder capaz entrena a suplente en quienes pueda delegar, a voluntad, cualquiera de los detalles de su posición. Sólo de ese modo un líder puede multiplicarse y prepararse para estar en muchos lugares, y prestar atención a muchas cosas al mismo tiempo. Es una verdad eterna que los hombres reciben más paga “por su habilidad para hacer que los demás trabajen” que lo que ganarían por su propio esfuerzo. Un líder eficiente puede, a través del conocimiento de su trabajo y del magnetismo de su personalidad, aumentar en gran medida la eficacia de los demás, e inducirlos a rendir más y mejores servicios que los que rendirían sin su ayuda.
5. Falta de imaginación. Sin imaginación, el líder es incapaz de superar las emergencias, y de crear planes que le permitan guiar con eficacia a sus seguidores.
6. Egoísmo. El líder que reclama todo el honor por el trabajo de sus seguidores está condenado a generar resentimientos. El verdadero líder no exige honor alguno. Le alegra ver que los honores, cuando los hay, son para sus seguidores, porque sabe que la mayoría de los hombres trabajarán con más entusiasmo por recomendaciones y reconocimientos, que sólo por dinero.
7. Intemperancia. Los seguidores no respetan a los líderes intemperantes. Además, la intemperancia en cualquiera de sus diversas formas destruye la resistencia y la vitalidad de cualquiera que se deje llevar por ella.
8. Deslealtad. Quizá esta causa debería encabezar la lista. El líder que no sea leal con su organización y con su equipo, con quienes están por encima de él y con quienes están por debajo, no podrá mantener mucho tiempo su liderazgo. La deslealtad le señala a uno como alguien que está en el nivel del polvo que pisamos, atrae sobre su cabeza el desprecio que se merece. La falta de lealtad es una de las principales causas de fracaso en todos los terrenos de la vida.
9. Acentuar la autoridad del Liderazgo. El líder eficiente enseña mediante el estímulo y no intenta atemorizar a sus seguidores. El líder que trata de impresionar a sus seguidores con su ‘autoridad’ entra en la categoría del liderazgo por la fuerza. Si un líder lo es de verdad, no necesitará anunciarlo, a no ser mediante su conducta, es decir, con su simpatía, comprensión y sentido de la justicia, y demostrando, además, que conoce su trabajo.
10. Insistir en el título. El líder competente no necesita ‘títulos’ para obtener el respeto de sus seguidores. El hombre que insiste demasiado en su título, generalmente no tiene mucho más en qué apoyarse. Las puertas de la oficina de un verdadero líder permanecen abiertas para todos aquellos que deseen entrar, y su lugar de trabajo está tan libre de formalidad como de ostentación.
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